Humor y poder
“Como después de un baile nadie nos quita lo bailado, después de un chiste nadie nos quita lo reído. Eso lo sabe el tirano, que tiene la desgracia de poder matar al humorista sólo después de que la gente se rio y ya, haga lo que haga, no puede quitarle a nadie lo reído. Como Salieri ante Mozart, nadie puede entender mejor el chiste que el propio tirano a quien se dirige. Antes del chiste no puede matarlo porque no sabe que el humorista va a ser humorista, pues la gente no se ha reído todavía y porque a veces el humorista puede ser cualquiera que inesperadamente se improvisa como tal. Peor aún: la gente va a seguirse riendo del mismo chiste quién sabe cuánto y hasta cuándo, tal como seguimos riéndonos en este texto de todos los tiranos que en el mundo han sido y serán. Tiranos hay que solo son recordados a causa de un chiste. Difícil encontrar experiencia más dolorosa: el poder humillado por el que no tiene poder. El humor humilla al poder”. La cita es de Roberto Hernández Montoya y forma parte de un texto suyo publicado en la edición aniversario de El Nacional de 1985, que luego fue remozado, por el mismo autor, para ser colocado en la página web de Analítica.com en el año 1999. Eran otros tiempos sin duda alguna, hoy Hernández Montoya es parte del poder político-cultural en Venezuela y me gustaría saber su opinión sobre el tema, pero no en abstracto, sino muy concretamente si avalaría un enjuiciamiento de Laureano Márquez y de este medio impreso, Tal Cual, tal como lo quiere el poder, que se ha expresado a través del Ministerio de Comunicación e Información (MINCI) por la columna “Humor en serio” del pasado 29 de enero.
Vamos a guiarnos por lo expresado por Hernández Montoya, cuando podía ejercer el humor, es decir cuando no ejercía el poder, como ahora. Según él, nadie entiende mejor el chiste que el propio tirano a quien se dirige. La nota de Laureano obviamente fue entendida muy rápidamente por el jefe de Estado. Es el jefe de Estado, y sus colaboradores, los que en todo caso asumen una lógica golpista, pues desde ya se plantean como un escenario negado el que el presidente deba dejar el poder. En realidad el país parece encaminarse a vivir lo contrario: el gobierno de Hugo Chávez tiene los días contados, pero no por un golpe de Estado, eso sería hacerle un tremendo favor, sino porque el voto popular le va a castigar. Según la encuesta realizada en diciembre pasado por la empresa IVAD, cuya seriedad no es puesta en duda por ningún sector político del país, demostraba que 66 por ciento de los venezolanos desea que este gobierno, el más largo después de Juan Vicente Gómez, tenga una fecha definitiva de culminación: 2013; no es una fecha sacada al azar, ni decirlo constituye un ejemplo de golpismo, sencillamente es el año en el cual finaliza este período constitucional. Ese porcentaje alto de venezolanos, es tan alto que reduce a una minoría al chavismo radical -aquellos que sueñan con un gobierno de Chávez a perpetuidad-, está apostando desde ya a un cambio político en Venezuela, pero un cambio que emane de las urnas. El que ejerce el poder se siente humillado cuando el humorista puede llevar la imaginación de los lectores a un escenario distinto a su permanencia en el poder; se trata, sin embargo, de un escenario anclado en la realidad que como sociedad debemos afrontar: ¿cómo será el país cuando Chávez no esté en el gobierno?
La dosis de humor de Márquez, junto al montaje fotográfico que acompañó al texto, rápidamente fue entendida por el gobernante, y ese mismo día –sin dilaciones- se pronunció el MINCI para endosarle el carácter fascista a la humorada, vale decir que no es muy ingeniosa la acusación, de hecho parece disco rayado desde el año 2002. El objetivo, a fin de cuentas, es claro, se desea castigar al humorista porque nos incita a quienes le leímos –y cabe mencionar que tras el anuncio de juicio aumentó sustancialmente la lectoría de dicha columna- a imaginarnos otro mundo posible, aquel en el cual quien hoy gobierna no sea más que un simple recuerdo.









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